Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Quien siempre se ha tratado a sà mismo con mucha indulgencia acaba por enfermar a causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el paÃs donde corren – manteca y miel![278]
Es necesario aprender a apartar la mirada de sà para ver muchas cosas: – esa dureza necesÃtala todo aquél que escala montañas.
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése en todas las cosas algo más que los motivos superficiales de ellas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, – ¡arriba, cada vez más alto, hasta que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡SÃ! Bajar la vista hacia mà mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significarÃa mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre!». –
Asà iba diciéndose Zaratustra a sà mismo al ascender, consolando su corazón con duras sentenzuelas: pues tenÃa el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de la cresta de la montaña, he aquà que el otro mar yacÃa allà extendido ante su vista: entonces se detuvo y calló largo rato. La noche era frÃa en aquella cumbre, y clara y estrellada.