Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra a vosotros solos os cuento el enigma que he visto, – la visión del más solitario –
SombrÃo[281] caminaba yo hace poco a través del crepúsculo de color de cadáver, – sombrÃo y duro, con los labios apretados. Pues más de un sol se habÃa hundido en su ocaso para mÃ.
Un sendero que ascendÃa obstinado a través de pedregales, un sendero maligno, solitario, al que ya no alentaban ni hierbas ni matorrales: un sendero de montaña crujÃa bajo la obstinación de mi pie.
Avanzando mudo sobre el burlón crujido de los guijarros, aplastando la piedra que lo hacÃa resbalar: asà se abrÃa paso mi pie hacia arriba.
Hacia arriba: – a pesar del espÃritu que de él tiraba hacia abajo, hacia el abismo, el espÃritu de la pesadez, mi demonio y enemigo capital.
Hacia arriba: – aunque sobre mà iba sentado ese espÃritu, mitad enano, mitad topo; paralÃtico; paralizante; dejando caer plomo en mi oÃdo[282], pensamientos-gotas de plomo en mi cerebro.
«Oh Zaratustra, me susurraba burlonamente, silabeando las palabras, ¡tú piedra de la sabidurÃa! Te has arrojado a ti mismo hacia arriba, mas toda piedra arrojada – ¡tiene que caer!