Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¿Y no están todas las cosas anudadas con fuerza, de modo que este instante arrastra tras sà todas las cosas venideras? ¿Por lo tanto – – incluso a sà mismo?
Pues cada una de las cosas que pueden correr: ¡también por esa larga calle hacia adelante – tiene que volver a correr una vez más! –
Y esa araña que se arrastra con lentitud a la luz de la luna, y esa misma luz de la luna, y yo y tú, cuchicheando ambos junto a este portón, cuchicheando de cosas eternas – ¿no tenemos todos nosotros que haber existido ya?
– y venir de nuevo y correr por aquella otra calle, hacia adelante, delante de nosotros, por esa larga, horrenda calle – ¿no tenemos que retornar eternamente?». –
Asà dije, con voz cada vez más queda: pues tenÃa miedo de mis propios pensamientos y de sus trasfondos. Entonces, de repente, oà aullar a un perro cerca.
¿HabÃa oÃdo yo alguna vez aullar asà a un perro? Mi pensamiento corrió hacia atrás. ¡SÃ! Cuando era niño, en remota infancia[284]:
– entonces oà aullar asà a un perro. Y también lo vi con el pelo erizado, la cabeza levantada, temblando, en la más silenciosa medianoche, cuando incluso los perros creen en fantasmas: