Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Mi mano tiró de la serpiente, tiró y tiró: – ¡en vano! No conseguà arrancarla de allÃ. Entonces se me escapó un grito: «¡Muerde! ¡Muerde!
¡Arráncale la cabeza! ¡Muerde!» – éste fue el grito que de mà se escapó, mi horror, mi odio, mi náusea, mi lástima, todas mis cosas buenas y malas gritaban en mà con un solo grito. –
¡Vosotros, hombres audaces que me rodeáis! ¡Vosotros, buscadores, indagadores, y quienquiera de vosotros que se haya lanzado con velas astutas a mares inexplorados! ¡Vosotros, que gozáis con enigmas!
¡Resolvedme, pues, el enigma que yo contemplé entonces, interpretadme la visión del más solitario![286]
Pues fue una visión y una previsión: – ¿qué vi yo entonces en sÃmbolo? ¿Y quién es el que algún dÃa tiene que venir aún?[287]
¿Quién es el pastor a quien la serpiente se le introdujo en la garganta? ¿Quién es el hombre a quien todas las cosas más pesadas, más negras, se le introducirán asà en la garganta?
– Pero el pastor mordió, tal como se lo aconsejó mi grito; ¡dio un buen mordisco! Lejos de sà escupió la cabeza de la serpiente y se puso en pie de un salto[288]. –
Ya no pastor, ya no hombre, – ¡un transfigurado, iluminado, que reÃa! ¡Nunca antes en la tierra habÃa reÃdo hombre alguno como él rió!