Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Y cuando alguna vez estas pequeñas gentes hablan con aspereza: yo escucho allí tan sólo su ronquera, – cualquier corriente de aire, en efecto, los pone roncos.

Son listos, sus virtudes tienen dedos listos. Pero les faltan los puños, sus dedos no saben esconderse detrás de puños.

Virtud es para ellos lo que vuelve modesto y manso: con ello han convertido al lobo en perro, y al hombre mismo en el mejor animal doméstico del hombre.

«Nosotros ponemos nuestra silla en el medio – esto me dice su sonrisa complacida – y a igual distancia de los gladiadores moribundos que de las cerdas satisfechas».

Pero esto es – mediocridad: aunque se llame moderación. –

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Yo camino a través de este pueblo y dejo caer algunas palabras: mas ellos no saben ni tomar ni conservar.

Se extrañan de que yo no haya venido a[306] censurar placeres ni vicios; ¡y en verdad, tampoco he venido a poner en guardia contra los carteristas!

Se extrañan de que no esté dispuesto a hacer aún más avisada y aguda su listeza: ¡como si ellos no tuvieran ya suficiente número de listos, cuya voz rechina a mis oídos igual que los pizarrines!


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