Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra – implorando para encontrar en mà un asilo y un corazón, y diciendo halagadoramente: «¡Mira, oh Zaratustra, cómo sólo el amigo viene al amigo!». –
Sin embargo, ¡para qué hablar si nadie tiene mis oÃdos! Y por eso quiero clamar a todos los vientos:
¡Vosotros os volvéis cada vez más pequeños, gentes pequeñas! ¡Vosotros os hacéis migajas, oh cómodos! ¡Vosotros vais a la ruina –
– a causa de vuestras muchas pequeñas virtudes, a causa de vuestras muchas pequeñas omisiones, a causa de vuestras muchas pequeñas resignaciones!
Demasiado indulgente, demasiado condescendiente: ¡asà es vuestro terreno! ¡Mas para volverse grande, un árbol ha de echar duras raÃces en torno a rocas duras!
También lo que vosotros omitÃs teje en el tejido de todo el futuro humano; también vuestra nada es una telaraña y una araña que vive de sangre del futuro.
Y cuando vosotros tomáis algo, eso es como un hurto, vosotros pequeños virtuosos; mas incluso entre bribones dice el honor: «Se debe hurtar tan sólo cuando no se puede robar».
«Se da» – ésta es también una doctrina de la resignación. Pero yo os digo a vosotros los cómodos: ¡se toma, y se tomará cada vez más de vosotros!
¡Ay, ojalá alejaseis de vosotros todo querer a medias y os volvieseis decididos tanto para la pereza como para la acción!