Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Muchos años y muchas lunas han pasado sobre el alma de Zaratustra cuando comienza la cuarta parte. De nuevo está retirado en su caverna, y sus cabellos se han vuelto blancos. Entonces decide hacer una extraña pesca: pescar hombres en las altas montañas. Atraídos por el canto de su felicidad, a él acuden los «hombres superiores». Zaratustra oye un grito de socorro, y su última tentación se acerca hasta él. Esta última tentación, la que podría inducirle a su último pecado, es la compasión por estos hombres superiores. Uno a uno van apareciendo en los dominios de Zaratustra el adivino, los reyes que han abandonado el trono, el concienzudo del espíritu, el mago, el papa jubilado, el más feo de los hombres, el mendigo voluntario, el viajero y su propia sombra. Zaratustra les saluda y celebra con ellos «la Cena». Y, más tarde, «la fiesta del asno». Pero no es a aquellos hombres superiores a quienes Zaratustra aguarda en sus montañas. Él espera su signo, y éste llega: el león riente y la bandada de palomas. Los hombres superiores huyen asustados. Zaratustra ha superado su última tentación, y ahora parte con un destino desconocido. «Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas». De todos los símbolos que llenan la obra, es éste sin duda el más cargado de significación.
Algunos problemas formales