Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Otros cantores hay, ciertamente, a los cuales sólo la casa llena vuélveles suave su garganta, elocuente su mano, expresivos sus ojos, despierto su corazón: – yo no me asemejo a ellos. –
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Quien algún dÃa enseñe a los hombres a volar, ése habrá cambiado de sitio todos los mojones[355]; para él los propios mojones volarán por el aire y él bautizará de nuevo a la tierra, llamándola – «La Ligera».
El avestruz corre más rápido que el más rápido caballo, pero también esconde pesadamente la cabeza en la pesada tierra: asà hace también el hombre que aún no puede volar.
Pesadas son para él la tierra y la vida; ¡y asà lo quiere el espÃritu de la pesadez! Mas quien quiera hacerse ligero y transformarse en un pájaro tiene que amarse a sà mismo: – asà enseño yo.
No, ciertamente, con el amor de los enfermos y calenturientos: ¡pues en ellos hasta el amor propio exhala mal olor!
Hay que aprender a amarse a sà mismo – asà enseño yo – con un amor saludable y sano: a soportar estar consigo mismo y a no andar vagabundeando de un sitio para otro.