Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Sobre todo el hombre fuerte, de carga, en el que habita la veneración: demasiadas pesadas palabras ajenas y demasiados pesados valores ajenos carga sobre sÃ, – ¡entonces la vida le parece un desierto!
¡Y en verdad! ¡También algunas cosas propias son una carga pesada! ¡Y muchas de las cosas que residen en el interior del hombre son semejantes a la ostra, es decir, nauseabundas y viscosas y difÃciles de agarrar –,
– de tal modo que tiene que intervenir en su favor una concha noble, con nobles adornos! Y también hay que aprender este arte: ¡el de tener una concha, y una hermosa apariencia, y una inteligente ceguera!
Una y otra vez nos engañamos acerca de algunas cosas humanas por el hecho de que más de una concha es mezquina y triste y demasiado concha. Mucha bondad y mucha fuerza ocultas no las adivinaremos jamás; ¡los más exquisitos bocados no encuentran quien los sepa saborear!
Las mujeres saben esto, las más exquisitas: un poco más gruesas, un poco más delgadas – ¡oh, cuánto destino depende de tan poca cosa!
El hombre es difÃcil de descubrir, y descubrirse uno a sà mismo es lo más difÃcil de todo; a menudo el espÃritu miente a propósito del alma. Asà lo procura el espÃritu de la pesadez.