Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra En esto yo te honro como a un penitente del espÃritu: y si bien sólo fue por un momento, en ese único instante has sido – auténtico.
Mas dime, ¿qué buscas tú aquà en mis bosques y entre mis rocas? Y cuando te colocaste en mi camino, ¿qué prueba querÃas de mÃ? –
– ¿en qué querÃas tentarme a mÃ?». –
Asà habló Zaratustra, y sus ojos centelleaban. El viejo mago calló un momento, luego dijo: «¿Te he tentado yo a ti? Yo – busco únicamente[474].
Oh Zaratustra, yo busco a uno que sea auténtico, justo, simple, sin equÃvocos, un hombre de toda honestidad, un vaso de sabidurÃa, un santo del conocimiento, ¡un gran hombre!
¿No lo sabes acaso, oh Zaratustra? Yo busco a Zaratustra».
– Y en este instante se hizo un prolongado silencio entre ambos; Zaratustra se abismó profundamente dentro de sà mismo, tanto que cerró los ojos. Mas luego, retornando a su interlocutor, tomó la mano del mago y dijo, lleno de gentileza y de malicia:
«¡Bien! Por ahà sube el camino, allà está la caverna de Zaratustra. En ella te es lÃcito buscar a aquél que tú desearÃas encontrar.
Y pide consejo a mis animales, a mi águila y a mi serpiente: ellos te ayudarán a buscar. Pero mi caverna es grande.