Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra – que vio cómo el hombre pendÃa de la cruz, y no soportó que el amor al hombre se convirtiese en su infierno y finalmente en su muerte?» – –
Mas el viejo papa no respondió, sino que tÃmidamente, y con una expresión dolorosa y sombrÃa, desvió la mirada.
«Déjalo que se vaya, dijo Zaratustra tras prolongada reflexión, mirando siempre al anciano derechamente a los ojos.
Déjalo que se vaya, ya ha desaparecido. Y aunque te honra el que no digas más que cosas buenas de ese muerto, tú sabes tan bien como yo quién era; y que seguÃa caminos extraños».
«Hablando entre tres ojos, dijo, recobrado, el viejo papa (pues era tuerto), en asuntos de Dios yo soy más ilustrado[480] que el propio Zaratustra – y me es lÃcito serlo.
Mi amor le ha servido durante largos años, mi voluntad siguió en todo a su voluntad. Pero un buen servidor sabe todo, incluso muchas cosas que su señor se oculta a sà mismo.
Él era un Dios escondido[481], lleno de secretos. En verdad, no supo procurarse un hijo más que por caminos tortuosos. En la puerta de su fe se encuentra el adulterio[482].