Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra – Mas cuando Zaratustra hubo oÃdo estas palabras, – ¿qué creéis que ocurrió en su alma? La compasión lo acometió; y se desplomó de golpe, como una encina que ha resistido durante largo tiempo a muchos leñadores, – de manera pesada, súbita, causando espanto incluso a quienes querÃan abatirla. Pero enseguida volvió a levantarse del suelo, y su rostro se endureció.
«Te conozco bien, dijo con voz de bronce: ¡tú eres el asesino de Dios! Déjame irme.
No soportabas a Aquél que te veÃa, – que te veÃa siempre y de parte a parte, ¡tú el más feo de los hombres! ¡Te vengaste de ese testigo!».
Asà habló Zaratustra y quiso irse de allÃ; mas el inexpresable agarró una punta de su vestido y comenzó de nuevo a gorgotear y a buscar palabras. «¡Quédate!, dijo por fin –
– ¡quédate! ¡No pases de largo! He adivinado qué hacha fue la que te derribó: ¡Enhorabuena, Zaratustra, por estar de nuevo en pie!
Has adivinado, lo sé bien, qué sentimientos experimenta el que lo mató a Él, – el asesino de Dios. ¡Quédate! Toma asiento aquà cerca de mÃ, no será inútil.
¿A quién querÃa yo ir sino a ti? ¡Quédate, siéntate! ¡Pero no me mires! ¡Honra asà – mi fealdad!