Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Tampoco, según me parece, tu estómago: a él le repugna todo ese encolerizarse y odiar y enfurecerse. Tu estómago reclama cosas más suaves: tú no eres un carnicero.

Me pareces, antes bien, alguien que se alimenta de plantas y de raíces. Tal vez mueles grano. Y, con toda certeza, eres contrario a las alegrías de la carne y amas la miel».

«Me has adivinado bien, respondió el mendigo voluntario, con el corazón aliviado. Yo amo la miel, también muelo grano, pues he buscado lo que agrada al paladar y hace puro el aliento:

– también lo que necesita largo tiempo, un trabajo que ocupe día y hocico de afables ociosos y haraganes.

Estas vacas, ciertamente, han llegado más lejos que nadie: se han inventado el rumiar y el estar echadas al sol. También se abstienen de todos los pensamientos pesados, que hinchan el corazón».

– «¡Bien!, dijo Zaratustra: tú deberías ver también mis animales, mi águila y mi serpiente, – hoy no tienen igual en la tierra.

Mira, por ahí va el camino que conduce a mi caverna: sé huésped de ella esta noche. Y habla con mis animales acerca de la felicidad de los animales, –


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