Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra – Qué me ha sucedido: ¡escucha! ¿Es que el tiempo ha huido volando? ¿No estoy cayendo? ¿No he caÃdo – ¡escucha! – en el pozo de la eternidad?
– ¿Qué me sucede? ¡Silencio! ¿Me han punzado – ay – en el corazón? ¡El corazón! ¡Oh, hazte pedazos, hazte pedazos, corazón, después de tal felicidad, después de tal punzada!
– ¿Cómo? ¿No se habÃa vuelto perfecto el mundo hace un instante? ¿Redondo y maduro? Oh áureo y redondo aro – ¿adonde se escapa volando? ¡SÃgale yo a la carrera! ¡Sus!
Silencio – – (y aquà Zaratustra se estiró y sintió que dormÃa).
¡Arriba!, se dijo a sà mismo, ¡tú dormilón!, ¡tú dormilón en pleno mediodÃa! ¡Vamos, arriba, viejas piernas! Es tiempo y más que tiempo, aún os queda una buena parte del camino –
Ahora habéis dormido bastante, ¿cuánto tiempo? ¡Media eternidad! ¡Vamos, arriba ahora, viejo corazón mÃo! ¿Cuánto tiempo necesitarás después de tal sueño – para despertarte?
(Pero entonces se adormeció de nuevo, y su alma habló contra él y se defendió y se acostó de nuevo.) – «¡Déjame! ¡Silencio! ¿No se habÃa vuelto perfecto el mundo en este instante? ¡Oh áurea y redonda bola!». –