Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra En este punto, en efecto, el adivino interrumpió el saludo entre Zaratustra y sus huéspedes: se adelantó como alguien que no tiene tiempo que perder, cogió la mano de Zaratustra y exclamó: «¡Pero Zaratustra!
Una cosa es más necesaria que la otra, asà dices tú mismo[519]: bien, una cosa es ahora para mà más necesaria que todas las otras.
Una palabra a tiempo: ¿no me has invitado a comer? Y aquà hay muchos que han recorrido largos caminos. ¿No querrás alimentarnos con discursos?
También os habéis referido todos vosotros, demasiado a mi parecer, al congelarse, ahogarse, asfixiarse y otras calamidades del cuerpo: pero nadie se ha acordado de mi calamidad, a saber: la de estar hambriento – ».
(Asà habló el adivino; y cuando los animales de Zaratustra oyeron tales palabras se fueron de allà corriendo, asustados. Pues veÃan que ni siquiera lo que ellos habÃan traÃdo durante el dÃa serÃa suficiente para llenar el estómago de aquel solo adivino).
«Incluyendo también el estar sediento, prosiguió el adivino. Y aunque oigo ya al agua chapotear aquÃ, semejante a discursos de la sabidurÃa, es decir, abundante e incansable: yo – ¡quiero vino!