Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Esta propuesta encontró la aprobación de todos: sólo el mendigo voluntario se oponía a la carne y al vino y a las especias.

«¡Pero oíd a este comilón de Zaratustra!, decía bromeando: ¿acude la gente a las cavernas y a las altas montañas para hacer tales comidas?

Ahora entiendo, ciertamente, lo que él nos enseñó en otro tiempo: ¡Alabada sea la pequeña pobreza![524] Y por qué quiere suprimir a los mendigos»[525].

«Procura estar de buen humor, le respondió Zaratustra, como lo estoy yo. Permanece fiel a tu costumbre, hombre excelente, muele tu grano, bebe tu agua, alaba tu cocina: ¡si ésta es la que te pone alegre!

Yo soy una ley únicamente para los míos, no soy una ley para todos. Mas quien me pertenece tiene que tener huesos fuertes y también pies ligeros, –

– deben gustarle las guerras y las fiestas, no ser un hombre sombrío, ni un soñador, debe estar dispuesto a lo más difícil como a una fiesta suya, hallarse sano y salvo.

Lo mejor pertenece a los míos y a mí; y si no nos lo dan, lo tomamos: – ¡el mejor alimento, el cielo más puro, los pensamientos más fuertes, las mujeres más hermosas!». –

Así habló Zaratustra; mas el rey de la derecha replicó: «¡Qué raro! ¿Se han escuchado alguna vez tales cosas inteligentes de boca de un sabio?


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