Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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No todos son, como Zaratustra, bebedores natos de agua. Además, el agua no les conviene a los cansados y mustios: a nosotros nos corresponde el vino, – ¡sólo él proporciona curación instantánea y salud repentina!».

En este punto, cuando el adivino pedía vino, ocurrió que también el rey de la izquierda, el taciturno, tomó a su vez la palabra. «Del vino, dijo, nos hemos preocupado nosotros, yo y mi hermano el rey de la derecha: tenemos vino suficiente, – todo un asno cargado. Así, pues, no falta más que pan.»[520]

«¿Pan?, replicó Zaratustra y se rió. Justamente pan es lo que no tienen los eremitas. Pero el hombre no vive sólo de pan, sino también de la carne de buenos corderos[521], y yo tengo dos[522]:

– a éstos debemos descuartizarlos[523] en seguida y prepararlos con especias, con salvia: así es como a mí me gustan. Y tampoco faltan raíces y frutos, suficientemente buenos incluso para golosos y degustadores; ni nueces y otros enigmas para cascar.

Vamos, pues, a preparar rápidamente un buen festín. Quien quiera comer tiene que intervenir asimismo en la preparación, incluso los reyes. En casa de Zaratustra, en efecto, le es lícito ser cocinero incluso a un rey».


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