Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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El despertar

1

Tras la canción del viajero y sombra la caverna se llenó de repente de ruidos y risas; y como los huéspedes reunidos hablaban todos a la vez, y tampoco el asno, animado por ello, continuó callado, se apoderó de Zaratustra una pequeña aversión y una pequeña burla contra sus visitantes; aunque al mismo tiempo se alegrase de su regocijo. Pues le parecía un signo de curación. Así, se escabulló afuera, al aire libre, y habló a sus animales.

«¿Dónde ha ido ahora su aflicción?, dijo, y ya se había recobrado de su pequeño hastío, – ¡junto a mí han olvidado, según me parece, el gritar pidiendo socorro!

– si bien, por desgracia, todavía no el gritar». Y Zaratustra se tapó los oídos, pues en aquel momento el I-A del asno se mezclaba extrañamente con los ruidos jubilosos de aquellos hombres superiores.

«Están alegres, comenzó de nuevo a hablar, y, ¿quién sabe?, tal vez lo estén a costa de quien los hospeda; y si han aprendido de mí a reír, no es, sin embargo, mi risa la que han aprendido[554].

¡Mas qué importa ello! Son gente vieja: se curan a su manera, ríen a su manera; mis oídos han soportado ya cosas peores y no se enojaron.


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