Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra – «Y tú sobre todo, dijo Zaratustra al concienzudo del espíritu; ¡reflexiona un poco y ponte el dedo en la nariz![572] ¿No hay aquí nada que repugne a tu conciencia? ¿No es tu espíritu demasiado puro para estas oraciones y para el tufo de estos hermanos de oración?».
«Algo hay en ello, respondió el concienzudo del espíritu y se puso el dedo en la nariz, algo hay en este espectáculo que incluso hace bien a mi conciencia.
Tal vez a mí no me sea lícito creer en Dios: pero lo cierto es que en esta figura es en la que Dios me parece máximamente creíble.
Dios debe ser eterno, según el testimonio de los más piadosos[573]: quien tanto tiempo tiene se toma tiempo. Del modo más lento y estúpido posible: de ese modo alguien así puede llegar muy lejos.
Y quien tiene demasiado espíritu querría sin duda estar loco por la estupidez y la necedad mismas. ¡Reflexiona sobre ti mismo, oh Zaratustra!
Tú mismo – ¡en verdad!, también tú podrías sin duda convertirte en asno a fuerza de riqueza y sabiduría.
¿No le gusta a un sabio perfecto caminar por los caminos más torcidos? La evidencia lo enseña, oh Zaratustra, – ¡tu evidencia[574]!».