Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra [6] Esta misma frase se repite luego al final del prólogo. El «ocaso» de Zaratustra termina hacia el final de la tercera parte, en el capítulo titulado El convaleciente, donde se dice: «Así – acaba el ocaso de Zaratustra». <<
[7] Hacia el final de la obra el papa jubilado vendrá en busca de este anciano eremita y encontrará que ha muerto; véase, en la cuarta parte, Jubilado [«Este mundo de aquí me es extraño y lejano, también he oído aullar a animales salvajes; y el que habría podido ofrecerme ayuda, ése no existe ya. Yo buscaba al último hombre piadoso, un santo y un eremita, que, solo en su bosque, no había oído aún nada de lo que todo el mundo sabe hoy» (N. del E. D.)]. <<
[8] Véase, en esta primera parte, De los trasmundanos [«Yo me superé a mí mismo, al ser que sufría, yo llevé mi ceniza a la montaña» (N. del E. D.)], y Del camino del creador [«Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza!» (N. del E. D.)], y en la segunda parte, El adivino, donde vuelve a aparecer la referencia a las cenizas [«¡Alpa!, exclamé, ¿quién trae su ceniza a la montaña? ¡Alpa! ¡Alpa! ¿Quién trae su ceniza a la montaña?» (N. del E. D.)]. La ceniza es símbolo de la cremación y el rechazo de los falsos ideales juveniles. <<