Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Hay predicadores de la muerte: y la tierra está llena de seres a quien hay que predicar que se alejen de la vida.
Llena está la tierra de superfluos, corrompida está la vida por los demasiados. ¡Ojalá los saque alguien de esta vida con el atractivo de la «vida eterna»!
«Amarillos»: asà se llama a los predicadores de la muerte, o «negros». Pero yo quiero mostrároslos todavÃa con otros colores.
Ahà están los seres terribles, que llevan dentro de sà el animal de presa y no pueden elegir más que o placeres o autolaceración. E incluso sus placeres continúan siendo autolaceración.
Aún no han llegado ni siquiera a ser hombres, esos seres terribles: ¡ojalá prediquen el abandono de la vida y ellos mismos se vayan a la otra![74]
Ahà están los tuberculosos del alma: apenas han nacido y ya han comenzado a morir, y anhelan doctrinas de fatiga y de renuncia.
¡QuerrÃan estar muertos, y nosotros deberÃamos aprobar su voluntad! ¡Guardémonos de resucitar a esos muertos y de lastimar a esos ataúdes vivientes!
Si encuentran un enfermo, o un anciano, o un cadáver, en seguida dicen: «¡la vida está refutada!».
Pero sólo están refutados ellos, y sus ojos, que no ven más que un solo rostro en la existencia.
