Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos 1
¿Cuanto tiempo llevas descansando ya
sobre tu infortunio?
¡Atiéndeme! Tú incubarás para mÃ
un huevo,
un huevo de basilisco,
nacido de tu largo lamento.
¿A qué Zaratustra ese sigiloso andar por las montañas?
Desconfiado, herido, ensombrecido,
paciente aguardaste—,
pero de súbito, un rayo,
claro, terrorÃfico, un azote
contra el cielo desde el abismo:
—las montañas mismas se estremecen
en sus entrañas…
Donde odio y rayo
fueran uno: una maldición—,
sobre los montes sopla ahora Zaratustra su ira,
arrastrando nubes de borrasca en su camino.
¡Protéjase quien tenga un cobertor aún!
¡Al lecho, vosotros los débiles!
Ya se oyen truenos entre las nubes,
ya vibran vigas y muros,
ya cruzan el espacio rayos y sulfúricas verdades—
Zaratustra maldice…
