Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos ¡Ah!
¡Solemne!
¡Un digno comienzo!
¡Africanamente solemne!
digno de un león
o de un moral mono aullador…
—pero inconveniente para vosotras,
amadÃsimas amigas,
a cuyos pies
yo, un europeo, bajo las palmeras,
tengo el placer de sentarme.
AsÃ.
¡Asombrosamente cierto!
Heme aquà sentado,
al desierto cercano
y a un tiempo lejos del desierto,
en absoluto desértico todavÃa,
pues tragado por este pequeño oasis
—acaba de abrir en un bostezo
su adorable boca,
la más fragante de todas las boquitas:
caà dentro entonces,
hacia abajo, a través —entre vosotras
¡amadÃsimas amigas!
AsÃ.
¡Salve, salve sea aquella ballena
