El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos 2
Aparto, con suma reverencia, el nombre de Heráclito. Si el otro hatajo de filósofos rechazó el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban multiplicidad y cambio, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen persistencia y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Éstos no mienten ni del modo que creían los eleáticos ni como él creía: no mienten en modo alguno. Lo que nosotros hacemos con su testimonio, esto y solo esto introduce la mentira en ellos, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la persistencia… La «razón» es la causa de que falseemos el testimonio de los sentidos. Cuando muestran el devenir, el pasar, el cambio, no mienten… Pero Heráclito tendrá razón eternamente con lo que dice de que el ser es una ficción vacía. El mundo «aparente» es el único: el «mundo verdadero» es un mero añadido obra de la mentira…
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