El crepusculo de los idolos
El crepusculo de los idolos Ya se ve que es mi deseo ser justo con los alemanes: pero con ello no querría serme infiel a mí mismo, por lo que también tengo que hacerles mi objeción. Sale caro llegar al poder: el poder entontece… A los alemanes se les denominó en cierta ocasión el pueblo de los pensadores, pero ¿siguen pensando hoy? Los alemanes se aburren ahora con el espíritu, los alemanes desconfían ahora del espíritu, la política engulle toda seriedad para cosas realmente espirituales: mucho me temo que lo de «Alemania, Alemania por encima de todo» ha sido el final de la filosofía alemana… «¿Hay filósofos alemanes? ¿Hay literatos alemanes? ¿Hay buenos libros alemanes?», se me pregunta en el extranjero. Me pongo rojo, pero con la valentía que me es propia también en casos desesperados respondo: «¡Sí, Bismarck!». ¿Me sería lícito siquiera confesar qué libros se lee hoy?… ¡Maldito instinto de la medianía!
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