El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia El contenido más Ãntimo de esa cultura socrática no es posible calificarlo con mayor agudeza que denominándola la cultura de la ópera: pues es en este campo donde la cultura ha hablado con particular ingenuidad acerca de su querer y conocer, llenándonos de asombro cuando comparamos la génesis de la ópera y el hecho del desarrollo de la misma con las eternas verdades de lo apolÃneo y de lo dionisÃaco. Recordaré en primer término la génesis del stilo rappresentativo y del recitado. ¿Es creÃble que esta música de ópera completamente volcada hacia lo exterior, incapaz de devoción, haya podido ser acogida y albergada con favor entusiasta, como si fuera, por asà decirlo, el renacimiento de toda verdadera música, por un época de la que acababa de alzarse la música inefablemente sublime y sagrada de Palestrina[190]? Y, por otro lado, ¿quién harÃa responsable del gusto por la ópera, que se difundió con tanto Ãmpetu, únicamente a la sensualidad, ávida de distracciones, de aquellos cÃrculos florentinos y a la vanidad de sus cantantes dramáticos? Que en la misma época, más aún, en el mismo pueblo se despertase, junto al edificio abovedado de las armonÃas de Palestrina, en cuya construcción habÃa trabajado toda la Edad Media cristiana, aquella pasión por un modo semimusical de hablar, es algo que yo sólo consigo explicármelo por una tendencia extraartÃstica actuante en la esencia del recitado.