El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Como se ha dicho al comienzo, la primera respuesta a este libro fue el silencio total. Pero este silencio encubría en su oquedad una tormenta amenazadora para Nietzsche. Eran demasiadas las cosas que en tan breve obra había tocado éste, y algunas, muy incidentales, estaban dichas de cara a la galería. Por ejemplo, el mundo de los filólogos alemanes estaba divido entonces en dos irreconciliables partidos. De un lado, Ritschl, su método y sus seguidores. De otro lado… los enemigos de Ritschl, que también eran poderosos. El más joven, el más brillante, el más genial profesor que había salido de la escuela de Ritschl era Nietzsche. Pero Nietzsche era, por esencia, el anti-Ritschl. Pocos años antes, cuando Nietzsche estudiaba en Bonn, los dos filólogos principales de aquella universidad, Otto Jahn y F. Ritschl, habían mantenido una polémica espectacular, a consecuencia de la cual Ritschl abandonó Bonn y marchó a Leipzig. Y aunque en aquella época Nietzsche había dado la razón a Otto Jahn, ahora en este libro, en el lugar menos esperado, lanzaba contra él cieno. El asunto es tanto más desagradable cuanto que Jahn había muerto, y Nietzsche, probablemente, no quiso con este exabrupto más que halagar a su maestro. Otro ejemplo: la orgullosa Alemania vencedoras de Francia en la guerra del 70 despreciaba con bastantes malos modos todo lo «latino». Y Nietzsche, incitado sin duda por los Wagner, contrapone también, en algunos pasajes nada pertinentes, la «la cultura» alemana a la «civilización francesa». En todo caso, el libro de Nietzsche ofrecía a los enemigos de Ritschl la ocasión propicia para retorcerle a éste el cuello —ineffigie—. Y así se hizo. Fue una verdadera ejecución, seguida de descuartizamiento.