El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia A un segundo crÃtico, además de EurÃpides, el desprecio socrático de lo instintivo le incitó también a realizar una reforma del arte, y, desde luego, una reforma más radical aún. También el divino Platón fue en este punto vÃctima del socratismo: él, que en el arte anterior veÃa sólo la imitación de las imágenes aparentes, contó también «la sublime y alabadÃsima» tragedia – asà es como él se expresa[259] – entre las artes lisonjeras, que suelen representar únicamente lo agradable, lo lisonjero para la naturaleza sensible, no lo desagradable, pero a la vez útil. Por eso enumera adrede el arte trágico junto al arte de la limpieza y el de la cocina[260]. A una mente sensata le repugna, dice, un arte tan heterogéneo y abigarrado, para una mente excitable y sensible ese arte representa una mecha peligrosa: razón suficiente para desterrar del Estado ideal a los poetas trágicos. En general, según él, los artistas forman parte de las ampliaciones superfluas del Estado, junto con las nodrizas, las modistas, los barberos y los pasteleros[261]. En Platón esta condena intencionadamente acre y desconsiderada del arte tiene algo de patológico: él, que se habÃa elevado a esa concepción sólo por saña contra su propia carne; él, que, en beneficio del socratismo, habÃa pisoteado con los pies su naturaleza profundamente artÃstica, revela en la acritud de tales juicios que la herida más honda de su ser no está cicatrizada aún. La verdadera facultad creadora del poeta es tratada por Platón casi siempre sólo con ironÃa, porque esa facultad no es, dice, una intelección consciente de la esencia de las cosas, y la equipara al talento de los adivinos e intérpretes de signos. El poeta, dice, no es capaz de poetizar hasta que no ha quedado entusiasmado e inconsciente, y ningún entendimiento habita ya en él[262]. A estos artistas «irracionales» contrapone Platón la imagen del poeta verdadero, el filosófico, y da a entender con claridad que él es el único que ha alcanzado ese ideal y cuyos diálogos está permitido leer en el Estado ideal. La esencia de la obra platónica de arte, el diálogo, es, sin embargo, la carencia de forma y de estilo, producida por la mezcla de todas las formas y estilos existentes. Sobre todo, a la nueva obra de arte no se le deberÃa objetar lo que, según la concepción platónica, fue el defecto fundamental de la antigua: no deberÃa ser imitación de una imagen aparente, es decir, según el concepto usual: para el diálogo platónico no deberÃa haber ninguna cosa natural-real que hubiera sido imitada. AsÃ, ese diálogo se balancea entre todos los géneros artÃsticos, entre la prosa y la poesÃa, la narración, la lÃrica, el drama, de igual modo que ha infringido la antigua y rigurosa ley de que la forma lingüÃstico-estilÃstica sea unitaria. A una desfiguración mayor aún llevan el socratismo los escritores cÃnicos: en el amasijo máximo del estilo, en el fluctuar entre las formas prosaicas y las métricas, buscan éstos reflejar, por asà decirlo, el silénico ser extremo de Sócrates, sus ojos de cangrejo, sus labios gruesos y su vientre colgante.