El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Aun cuando la música sea también un arte apolÃneo, tomadas las cosas con rigor sólo lo es el ritmo, cuya fuerza figurativa fue desarrollada hasta convertirla en exposición de estados apolÃneos: la música de Apolo es arquitectura en sonidos, y además, en sonidos sólo insinuados, como son los propios de la cÃtara. Cuidadosamente se mantuvo apartado cabalmente el elemento que constituye el carácter de la música dionisÃaca, más aún, de la música en cuanto tal, el poder estremecedor del sonido y el mundo completamente incomparable de la armonÃa. Para percibir ésta poseÃa el griego una sensibilidad finÃsima, como es forzoso inferir de la rigurosa caracterización de las tonalidades, si bien en ellos es mucho menor que en el mundo moderno la necesidad de una armonÃa acabada, que realmente suene. En la sucesión de armonÃas, y ya en su abreviatura, en la denominada melodÃa, la «voluntad» se revela con total inmediatez sin haber ingresado antes en ninguna apariencia. Cualquier individuo puede servir de sÃmbolo, puede servir, por asà decirlo, de caso individual de una regla general; pero, a la inversa, la esencia de lo aparencial la expondrá el artista dionisÃaco de un modo inmediatamente comprensible: él manda, en efecto, sobre el caos de la voluntad no devenida aún figura, y puede sacar de él, en cada momento creador, un mundo nuevo, pero también el antiguo, conocido como apariencia. En este último sentido es un músico trágico.