El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Al espectador se le hace, pues, la exigencia dionisÃaca consistente en que a él todo se le presenta mágicamente transformado, en que él ve siempre algo más que el sÃmbolo, en que todo el mundo visible de la escena y de la orquesta es el reino de los milagros. ¿Pero dónde está el poder que traslada al espectador a ese estado de ánimo creyente en milagros, mediante el cual ve transformadas mágicamente todas las cosas? ¿Quién vence al poder de la apariencia, y la depotencia, reduciéndola a sÃmbolo?
Es la música. –
Eso que nosotros llamamos «sentimiento», la filosofÃa que camina por las sendas de Schopenhauer enseña a concebirlo como un complejo de representaciones y estados volitivos inconscientes. Las aspiraciones de la voluntad se expresan, sin embargo, en forma de placer o displacer, y en esto muestran una diversidad sólo cuantitativa. No hay especies distintas de placer, pero si grados del mismo, y un sinnúmero de representaciones concomitantes. Por placer hemos de entender la satisfacción de la voluntad única, por displacer, su no-satisfacción.