El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Dicho una vez más, hoy es para mà un libro imposible – lo encuentro mal escrito, torpe, penoso, frenético de imágenes y confuso a causa de ellas, sentimental, acá y allá azucarado hasta lo femenino, desigual en el tempo [ritmo], sin voluntad de limpieza lógica, muy convencido, y por ello, eximiéndose de dar demostraciones, desconfiando incluso de la pertinencia de dar demostraciones, como un libro para iniciados, como una «música» para aquellos que han sido bautizados en la música, que desde el comienzo de las cosas están ligados por experiencias artÃsticas comunes y raras, como signo de reconocimiento para quienes sean in artibus [en cuestiones artÃsticas] parientes de sangre, – un libro altanero y entusiasta, que de antemano se cierra al profanum vulgus [vulgo profano] de los «cultos» más aún que al «pueblo», pero que, como su influjo demostró y demuestra, tiene que ser también bastante experto en buscar sus compañeros de entusiasmo y en atraerlos hacia nuevos senderos ocultos y hacia nuevas pistas de baile. Aquà hablaba en todo caso, —esto se admitió con tanta curiosidad como repulsa— una voz extraña, el discÃpulo de un «dios desconocido»[5] todavÃa, que por el momento se escondÃa bajo la capucha del docto, bajo la pesadez y el desabrimiento dialéctico del alemán, incluso bajo los malos modales del wagneriano; habÃa aquà un espÃritu que sentÃa necesidades nuevas, carentes aún de nombre, una memoria rebosante de preguntas, experiencias, secretos, a cuyo margen estaba escrito el nombre Dioniso como un signo más de interrogación: aquà hablaba —asà se dijo la gente con suspicacia— una especie de alma mÃstica y casi menádica, que con esfuerzo y de manera arbitraria, casi indecisa sobre si lo que querÃa era comunicarse u ocultarse, parecÃa balbucear en un idioma extraño. Esa «alma nueva» habrÃa debido cantar – ¡y no hablar! Qué lástima que lo que yo tenÃa entonces que decir no me atreviera a decirlo como poeta: ¡tal vez habrÃa sido capaz de hacerlo! O, al menos, como filólogo: – ¡pues todavÃa hoy para el filólogo está casi todo por descubrir y desenterrar aún en este campo! Sobre todo el problema de que aquà hay un problema, – y de que, ahora y antes, mientras no tengamos una respuesta a la pregunta «¿qué es lo dionisÃaco?», los griegos continúan siendo completamente desconocidos e inimaginables…