El Nacimiento De La Tragedia
El Nacimiento De La Tragedia Tenemos que recurrir ahora a la ayuda de todos los principios artÃsticos examinados hasta este momento para orientarnos dentro del laberinto, pues asà es como tenemos que designar el origen de la tragedia griega. Pienso que no hago un afirmación disparatada al decir que hasta ahora el problema de ese origen no ha sido ni siquiera planteado en serio, y mucho menos ha sido resuelto, aunque con mucha frecuencia los jirones flotantes de la tradición antigua hayan sido ya cosidos y combinados entre sÃ, y luego hayan vuelto a ser desgarrados[94]. Esa tradición nos dice resueltamente que la tragedia surgió del coro trágico y que en su origen era únicamente coro y nada más que coro: de lo cual sacamos nosotros la obligación de penetrar con la mirada hasta el corazón de ese coro trágico, que es el auténtico drama primordial, sin dejarnos contentar de alguna manera con las frases retóricas corrientes – que dicen que el coro es el espectador ideal, o que está destinado a representar al pueblo frente a la región principesca de la escena –. Esta última explicación, que a más de un polÃtico le parece sublime – como si la inmutable ley moral estuviese representada por los democráticos atenienses en el coro popular, el cual tendrÃa siempre razón, por encima de las extralimitaciones y desenfrenos pasionales de los reyes – acaso venga sugerida por una frase de Aristóteles[95]: pero carece de influjo sobre la formación originaria de la tragedia, ya que de aquellos orÃgenes puramente religiosos está excluida toda antÃtesis entre el pueblo y prÃncipe, y, en general[96], cualquier esfera polÃtico-social; pero además, con respecto a la forma clásica del coro en Esquilo y en Sófocles conocida por nosotros, considerarÃamos una blasfemia hablar de que aquà hay un presentimiento de una «representación constitucional del pueblo», blasfemia ante la que otros no se han arredrado. Una representación popular del pueblo no la conocen in praxi [en la práctica] las constituciones polÃticas antiguas, y, como puede esperarse, tampoco la han «presentido» siquiera en su tragedia.