Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano El egoísmo no es perverso, porque la idea del «prójimo» —la palabra es de origen cristiano y no corresponde a la realidad— es en nosotros muy débil, y nosotros nos sentimos libres e irresponsables hacia él casi como hacia la planta y la piedra. El sufrimiento de otro es cosa que debe aprenderse, y jamás puede ser aprendida plenamente.
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