Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL HOMBRE OBRA SIEMPRE BIEN.— Nosotros no nos quejamos de la Naturaleza como de un ser inmoral, cuando deja caer sobre nosotros una tempestad y nos empapa hasta los huesos. ¿Por qué llamamos inmoral al hombre que perjudica? Porque en éste admitimos una voluntad libre que se ejerce voluntariamente, y en aquélla una necesidad. Pero esta distinción es un error. Además, hay circunstancias en que no llamamos inmoral ni aun al hombre que daña intencionalmente; no se tiene escrúpulo, por ejemplo, en matar intencionalmente a una mosca, tan sólo porque nos fastidia su zumbido; se castiga intencionalmente al criminal y se le hace sufrir para garantirnos a nosotros mismos, y con nosotros a la sociedad. En el primer caso, es el individuo quien, para conservarse o para no sufrir disgustos, hace sufrir intencionalmente; en el segundo, es el Estado. Toda moral admite el mal realizado intencionalmente en el caso de legÃtima defensa, es decir, cuando se trata del instinto de conservación. Pero estos dos puntos de vista bastan para explicar todas las malas acciones cometidas por los hombres contra los hombres. Se procura o evitar el disgusto o procurarse el placer; y tanto en el uno como en el otro sentido, se trata sólo del instinto de conservación. Sócrates y Platón tienen razón: el hombre procede bien. Proceda como quiera, es decir, en favor de lo que le parece bueno (útil) según su grado de inteligencia, según su razonamiento.