Humano, demasiado humano

Humano, demasiado humano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IRRESPONSABILIDAD E INOCENCIA.— La completa irresponsabilidad del hombre en relación a sus actos es la gota más amarga que el investigador debe deglutir cuando ha estado acostumbrado a ver en la responsabilidad y el deber los títulos de nobleza de la humanidad. Todas sus apreciaciones, todos sus designios, todas sus inclinaciones aparecen, por tal causa, sin valor y falsos; su sentimiento más profundo, el que hacía al mártir, al héroe, ha adquirido el valor de un error; no tiene ya el derecho de alabar ni de censurar, pues a nada le conduce alabar o censurar la Naturaleza y la necesidad. Así, ama una buena obra, pero no la alaba porque no puede ella nada por sí misma; tal como se encuentra delante de una planta, del mismo modo debe encontrarse delante de las acciones de los hombres, delante de sus propias acciones. Puede admirar su fuerza, su belleza, su plenitud, pero no le es permitido encontrar mérito en ellas; el fenómeno químico y la lucha de los elementos, las torturas del enfermo que tiene sed de curación, tienen justamente tantos méritos como las luchas y angustias del alma en que se está importunando, o mejor, mortificado en diversos sentidos, hasta que al fin uno se decide por el más poderoso, como se dice (pero en realidad, hasta el más poderoso decide de nosotros). Pero todos estos motivos, por grandes que sean los nombres que les demos, han salido de las mismas raíces en que creemos que residen los venenos maléficos; entre las buenas y las malas acciones no hay diferencia de especie, sino, cuando más, de gradación. Las buenas acciones son malas acciones sublimadas; las malas acciones, son buenas acciones grosera y neciamente realizadas. Un sólo deseo del individuo, el del goce de sí mismo (unido al temor de que sea frustrado), se satisface en todas las circunstancias, cualquiera que sea la manera como el hombre pueda, es decir, deba actuar; sea con actos de venganza, de vanidad, de placer, de interés, de maldad, de perfidia, sea con actos de sacrificio, de piedad, de investigación científica. Los grados del raciocinio deciden en qué dirección se dejará arrastrar cada uno por este deseo; existe continuamente presente en cada sociedad, en cada individuo, una jerarquía de bienes, conforme a la cual determina sus actos y juzga los de otro. Pero esta escala de medida se transforma continuamente; muchos actos se llaman malos y no son sino torpes, porque el nivel de la inteligencia que se ha decidido por ellos era muy bajo. Mejor todavía, en cierto sentido, aun hoy todos los actos son torpes, porque el nivel más elevado de la inteligencia humana no puede alcanzarse actualmente; será, por cierto, sobrepasado, y entonces, mirando hacia atrás, toda nuestra conducta y todos nuestros juicios parecerán tan limitados e irreflexivos como la conducta y los juicios de las tribus salvajes atrasadas nos parecen hoy limitados e irreflexivos. Darse cuenta de todo esto puede causar profundo dolor; pero hay un consuelo: son dolores de un nuevo alumbramiento. La mariposa quiere romper su capullo; lo desteje, rasga; entonces viene a embriagarla la luz desconocida, el imperio de la libertad. En estos hombres capaces de tristeza —¡que serán pocos!— es donde hace el primer ensayo de saber si la humanidad, de moral que es, puede transformarse en sabia. El sol de un Evangelio nuevo despide su primer rayo sobre las más altas cumbres de las almas de estos hombres aislados: allí se acumulan las nubes más espesas que en cualquiera otra parte, y conjuntamente reinan la claridad más pura y el más sombrío crepúsculo. Todo es necesidad —así habla la ciencia nueva—, y aun esta ciencia es necesaria. Todo es inocencia, y la ciencia es la vía que lleva a penetrar esta inocencia. Si la voluptuosidad, el egoísmo, la vanidad son necesarias para la producción de los fenómenos morales y su más lozano florecimiento, en el sentido de la verdad y de la justicia del conocimiento; si el error y el extravío de la imaginación ha sido el único medio por el cual la humanidad podía elevarse poco a poco a este grado de esclarecimiento y liberación de sí misma, ¿quién se atrevería a estar triste por divisar el fin adónde llevan estos caminos? Todo el dominio de la moral se modifica, cambia; todo en fluctuación, es verdad, pero también en movimiento progresivo y hacia un solo fin. El hábito hereditario de los errores de apreciación, de amor, de odio, tiene que continuar actuando en nosotros; pero influido por la ciencia en desarrollo, se hará más y más débil: un nuevo hábito, el de comprender, el de no amar ni odiar, el de ver desde lo alto, se establece insensiblemente en nosotros y será dentro de miles de años bastante poderoso quizá para que la humanidad produzca al hombre sabio, inocente (consciente de su inocencia), con tanta regularidad como produce actualmente al hombre no sabio, injusto, consciente de su falta, es decir, el antecedente necesario, no el opuesto a aquél.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker