Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 106
EL BORDE DE LA CASCADA.— Contemplando una caÃda de agua, creemos ver en las innumerables ondulaciones serpenteos, rompimientos de las ondas, la libertad de la voluntad y el capricho; poro todo es necesario, cada movimiento puede calcularse matemáticamente. Lo mismo exactamente pasa con las acciones humanas: si uno fuera omnisciente, deberÃa poder calcular de antemano cada acción, y hasta cada progreso del conocimiento, cada error, cada maldad. El hombre al obrar por sà mismo se halla, es verdad, en la ilusión de libre albedrÃo; si por un instante la rueda del mundo se detuviera y hubiese en ella una inteligencia calculadora omnisciente para aprovechar esa pausa, podrÃa continuar calculando el porvenir de cada ser hasta en los tiempos futuros más remotos, y marcar cada trazo del camino por el que la rueda tendrÃa que pasar en adelante. La ilusión sobre sà mismo del hombre que actúa, la convicción de su libre albedrÃo, pertenecen igualmente a aquel mecanismo que es objeto de cálculo.
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