Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LA JUSTICIA RETRIBUTIVA.— Quien se ha penetrado plenamente de la teorÃa de la irresponsabilidad completa no puede ya colocar dentro de la categorÃa de la justicia lo que se llama justicia de las penas y de las recompensas, suponiendo que la justicia consista en dar a cada cual lo que le pertenece. Puesto que el que es castigado no merece el castigo, que es solamente empleado como un medio de evitar la repetición en adelante de ciertos actos por medio del terror, se sigue que aquello que se recompensa no merece recompensa; lo que se hace, se hace porque no se puede hacer de otra manera. AsÃ, pues, la recompensa no tiene otro sentido que el de alentar al que la recibe y a los demás para proporcionar un motivo de acciones futuras: el elogio se tributa al que corre en la carrera, no al que está en el término de ella. Ni castigo ni recompensa: son cosas que llegan al individuo como perteneciéndole; le han sido dadas por razones de utilidad, sin que haya tenido por qué pretenderlas con justicia. Es necesario decir también: «El sabio no recompensa porque se ha obrado bien», asà como se ha dicho: «El sabio no castiga porque se ha obrado mal, sino para que en adelante no se obre mal». Si desaparecieran el castigo y la recompensa, desaparecerÃan también los motivos más poderosos, que alejan de ciertos actos y que conducen a otros; la utilidad de los hombres exige su mantenimiento, y estando expresado que castiga y recompensa, que censura y elogia, agitan la vanidad más sensible, esa misma utilidad exige el mantenimiento de la vanidad.