Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LO QUE NO ES GRIEGO EN EL CRISTIANISMO.— Los griegos no veÃan los dioses homéricos por encima de ellos como amos, ni a sà mismos por debajo de los dioses como criados, asà como los judÃos. No veÃan en ellos sino el espejismo de los ejemplares más perfectos de su propia raza, y por tanto un ideal, no lo contrario de su propio ser. Se creen emparentados los unos con los otros, hay un interés recÃproco, una especie de simmaquia. El hombre adquiere noble idea de sà cuando se da semejantes dioses y se coloca en una relación parecida a la que existe entre la pequeña y la gran nobleza; en tanto que los pueblos italianos tenÃan una verdadera religión de compatriotas en continua inquietud, frente a frente de los poderes malignos y caprichosos y de espÃritus malhumorados. Allà donde los dioses olÃmpicos se alejaban, allà la vida griega era más inquieta, más sombrÃa. El cristianismo, por el contrario, quebrantaba y estrellaba al hombre completamente y le hundÃa en un atolladero profundo, en el sentimiento de una completa abyección, y hacÃa entonces brillar repentinamente el esplendor de la misericordia divina, a tal punto que el hombre sorprendido, aturdido por la gracia, lanzaba un grito de arrobamiento y por un instante creÃa que llevaba sobre sà el cielo entero. Es a este exceso enfermizo del sentimiento, a esta profunda corrupción de la cabeza y el corazón, adonde llevan todas las invenciones psicológicas del cristianismo; quiere aniquilar, romper, aturdir, embriagar; no hay sino una sola cosa que no quiera: la medida, y por esto es, en el sentido más profundo, bárbaro, asiático, sin nobleza, no griego.