Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL CRISTIANO COMÚN.— Si el cristianismo tuviera razón con sus frases del Dios vengador, de estado general del pecado, de la elección de la gracia y del peligro de una condenación eterna, serÃa signo de debilidad del espÃritu y de falta de carácter no hacerse apóstol, sacerdote o misionero, y trabajar con temor e inquietud exclusivamente en favor de la propia salvación: serÃa un contrasentido perder asà de vista la ventaja eterna por la comodidad de un tiempo. Supuesto que generalmente existe la fe de esto, el cristiano común es una figura digna de compasión, un hombre que no sabe contar hasta tres, y que, por su incapacidad mental para calcular, no merecerÃa ser tan severamente castigado como el cristianismo le promete.
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HABILIDAD DEL CRISTIANISMO.— Es una artimaña del cristianismo el enseñar tan altamente la total indignidad, pecabilidad y depreciación del hombre en general, que el desprecio de los contemporáneos no es con ello posible. «Soy indigno y despreciable en todos los grados», se dice el cristiano. Pero aun este sentimiento ha perdido su aguijón más penetrante, porque el cristiano no cree en su demérito habitual: es malo como todos los hombres en general, y descansa en el axioma: Todos somos semejantes.
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