Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LOS DISCÍPULOS CIEGOS.— Mientras un hombre conoce las fuerzas y las debilidades de su teoría, de su arte, de su religión, su fuerza es aún pequeña. El discípulo y el apóstol que no tiene ojos para ver las debilidades de la teoría, de la religión, etcétera, cegado por la vista de su maestro y su amor hacia él, tiene de ordinario más poder que el mismo maestro. Sin discípulos ciegos, jamás la influencia de un hombre y de su obra se ha hecho grande. Ayudar al triunfo de una idea, no tiene ordinariamente otro sentido que asociarla tan fraternalmente a la necedad, que el peso de la segunda significa también la victoria de la primera.
123
DESMORONAMIENTO DE LAS IGLESIAS.— No hay bastante religión en el mundo para volver a la nada las religiones.
124