Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL ASCETISMO Y LA SANTIDAD CRISTIANA.— A medida que algunos pensadores aislados se han esforzado por establecer, partiendo de esas raras manifestaciones de la moralidad que se tiene costumbre de llamar ascetismo y santidad, algo milagroso, ante lo cual es casi un crimen y no un sacrilegio sostener una explicación razonable, en esa misma proporción se ha esforzado a su vez la seducción que lleva a tal crimen. Poderoso impulso natural en todos los tiempos, ha conducido a protestar en general contra tales manifestaciones. La ciencia, siendo, como hemos dicho, una imitación de la Naturaleza, se permite, por lo menos, oponer objeciones contra su pretendida inexplicación, podrÃamos decir inexplicables, con gran contentamiento de los llamados admiradores de lo milagroso-moral. Pues, hablando en general, lo inexplicable es absolutamente antinatural, sobrenatural, milagroso: he ahà el axioma que se formula en las almas de todos los religiosos y metafÃsicos (de los artistas también, cuando son al mismo tiempo pensadores), a la vez que el hombre de ciencia ve en este axioma el «mal principio». La primera verdad a que se llega por la consideración de la santidad y del ascetismo, es ésta: que su naturaleza es complicada, pues dondequiera, asà en el mundo fÃsico como en el mundo moral, se ha sentido gran contento en reducir lo que pretende ser maravilloso, lo complicado, a lo múltiplemente condicionado. Arriesguémonos, pues, a aislar de pronto algunos impulsos del alma de los santos y de los ascetas, y para concluir, a figurarnos los combinados.