Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 144
A este boceto de santo, tomado de la especie entera, puede oponerse otro que producirÃa sin duda impresión más agradable. Hay excepciones aisladas que se distinguen de la especie, sea por una gran dulzura y un gran amor por los hombres se por el encanto de una fuerza de acción inusitada; hay otras que son atrayentes hasta un grado supremo, porque concesiones ilusorias han derramado sobre todo su ser torrentes de luz; tal es el caso, por ejemplo, del célebre fundador del cristianismo que se tenÃa por Hijo de Dios, encarnado y exento de pecado; bien que por una quimera —que no se debe juzgar muy duramente, porque toda la antigüedad hormiguea de hijos de Dios—, aspiraba al mismo fin: el sentimiento de la completa exención del pecado, de la completa irresponsabilidad, que hoy cualquiera puede adquirir por la ciencia. También yo he descuidado igualmente los santos hindúes, que ocupan una fase intermedia entre el santo cristiano y el filósofo griego, y por consiguiente no representan un tipo puro: el conocimiento, la ciencia —en la medida que allà existÃa—, la elevación por encima de los demás hombres, por medio de la lógica y de la educación del pensamiento eran entre los budistas tan exigidos como indicio de santidad, tanto como en el cristianismo están descartadas como indicio de no santidad.