Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LOS LIBROS DE PERSONAS QUE NO SON CONOCIDAS Y SUS LECTORES.— Leemos los escritos de personas que nos son conocidas (amigas o enemigas) de una manera doble, atendiendo a que nuestro conocimiento está sin cesar murmurando: «Es de él, es una muestra de su interior, de sus aventuras, de su talento», mientras que por otra parte, otra especie de conocimiento busca fijar cuál es el provecho de la obra en sí, qué estimación merece en general, abstracción hecha de su autor. Las dos maneras de leer y de apreciar se destruyen recíprocamente, del mismo modo que la conversación con un amigo sólo producirá buenos frutos de conocimiento cuando el uno y el otro acaben por no pensar más que en la cosa misma y olviden que son amigos.
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SACRIFICIO RÍTMICO.— Muy buenos escritores modifican el ritmo de más de un período, únicamente porque no reconocen en los lectores ordinarios capacidad suficiente para apreciar la medida que seguía el período en su primera forma; por esto les proporciona una facilidad devolviendo la preferencia a ritmos más conocidos. Esta revelación de la incapacidad rítmica del lector actual ha arrancado ya más de un suspiro.
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