Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 220
EL MÁS ALLÁ EN EL ARTE.— No puede declararse sin profundo disgusto que los artistas de todos los tiempos, en sus aspiraciones más altas, han atribuido precisamente tales representaciones a una explicación celeste, que todos reconocemos hoy por falsa: son los glorificadores de los errores religiosos y filosóficos de la humanidad, y no hubieran podido serlo sin la fe en su verdad absoluta. Luego si la fe en tal verdad disminuye, los colores del arco iris palidecen en torno de los fines extremos del conocimiento y de la perfección humana: así, esa especie de arte no puede reflorecer ya. Arte como la Divina Comedia, los cuadros de Rafael, los frescos de Miguel Ángel, las catedrales góticas, supone no solamente una significación cósmica, sino además metafísica de los objetos. Será alguna vez conmovedora la leyenda de que hayan podido existir tal arte y tal fe en los artistas.
221