Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL RENACIMIENTO Y LA REFORMA.— El Renacimiento italiano contenÃa todas las fuerzas positivas que debemos a la civilización moderna: libertad de pensamiento, desprecio de la autoridad, triunfo de la cultura, entusiasmo por la ciencia nueva y antigua, independencia individual, entusiasmo por la verdad y por la perfección (aun en las obras literarias la buscaban): tales fuerzas eran mayores que las de hoy. Fue la edad de oro de este milenario, a pesar de sus defectos. En su contra se levantó la Reforma alemana, como protesta de hombres llenos de Edad Media, asustados de la descomposición religiosa. Enérgicos, como septentrionales, produjeron la contrarreforma, es decir, un catolicismo de defensa, sin garantÃas constitucionales, retrasando dos o tres siglos la marcha de las ciencias e impidiendo, quizá para siempre, la fusión del espÃritu antiguo con lo nuevo. El espÃritu alemán echó a perder la obra del Renacimiento. Gracias a un extraordinario astro de la polÃtica, pudo vivir Lutero; el emperador le protegÃa contra el Papa y el Papa contra el emperador. Si no, habrÃa sido quemado como Huss, y la aurora le habrÃa levantado antes y con un resplandor que ni presentimos.
238