Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano JUSTICIA AL DIOS DEL PORVENIR.— Cuando toda la historia de la civilización es un tejido de bienes y males y una nave en que todos se marean, compréndese bien que allá a lo lejos aparezca un Dios como un faro. La divinización del porvenir es una perspectiva metafÃsica en que hallan su consuelo muchos eruditos históricos. Sólo quien, como Schopenhauer, niega la evolución, puede negar el Dios del porvenir y burlarse de él con justicia.
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A CADA ESTACIÓN SUS FRUTOS.— Un porvenir mejor tiene mucho de peor. Es ilusión creer que un grado de evolución contiene toda la bondad de los grados anteriores. Cada estación tiene sus frutos, sus ventajas. Lo que creció a la sombra de la religión no volverá ya; brotará algún que otro retoño, pero nada más.
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GRAVEDAD CRECIENTE DEL MUNDO.— Cuanto mayor es la cultura de un hombre, tanto menor es su inclinación a la burla y a la sátira. Voltaire daba gracias a Dios en el fondo de su corazón por la invención de la Iglesia y del matrimonio. Pero él y su siglo, y aun antes del siglo XVI. Nuestra edad busca las causas: en los mismos contrastes busca el por qué, y asà no deja lugar al ridÃculo. Cuanto más profundamente comprenda un hombre la vida, tanto menos se burla, como no sea de su misma comprensión.