Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL CONSUELO DE UN PROGRESO DESESPERADO.— Nuestra época es interina: las viejas civilizaciones todavÃa existen y a las nuevas aún no nos hemos adaptado. Los músculos de soldado están indecisos entre la marcha militar y la ordinaria. Pero no por eso nos cansamos y dejamos de marchar. Ya no podemos volver a lo antiguo: hemos quemado los buques. Algún dÃa nuestra marcha será un progreso. Si no, se nos podrá decir, como consuelo, aquello de Federico el Grande: ¡Ah, mi querido Sulzer!, no conoce usted la raza maldita a la que pertenecemos.
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SUFRIMIENTO POR EL PASADO DE LA CIVILIZACIÓN.— El que se ha formado una idea clara del problema de la civilización, sufre como quien ha heredado una fortuna ilegÃtima o como el que reina por la tiranÃa de sus antepasados. Le come el remordimiento y la vergüenza. Su cansancio equilibra su felicidad. El porvenir le parece melancólico: prevé que sus descendientes sufrÃan como él.
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