Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano LOS BUENOS MODALES.— Los buenos modales desaparecen con la influencia cortesana y aristocrática; de siglo en siglo se van haciendo vulgares. Ya nadie obsequia o adula de una manera elegante; y de ahà que cuando el obsequio es oportuno, por ejemplo, a un hombre de Estado o a un gran artista, se toma prestado el lenguaje del sentimiento y de la fidelidad respetuosa, sin espÃritu y sin gracia. AsÃ, los saludos públicos y solemnes parecen sinceros sin serlo. Pero ¿decaerán sin remedio los modales? A mà me parece que describen una curva. Cuando la sociedad esté segura de sus principios, hallará un conjunto de modales para expresarlos. La mejor división del trabajo, el ejercicio gimnástico, la reflexión estricta, darÃan al cuerpo habilidad y ligereza. A este propósito pienso con ironÃa en nuestros sabios, que pretenden ser los precursores de la civilización nueva, y sin embargo, no se distinguen precisamente por sus buenos modales. Su espÃritu está pronto, sin duda, pero la arcilla que le envuelve es débil. Pesa mucho en sus músculos el pasado de la civilización. Son medio eclesiásticos, medio pedagogos; están momificados. Son cortesanos de la civilización vieja. En ellos abundan los fantasmas del pasado y los del porvenir. ¿Qué tiene, pues, de extraño que no han bien los gestos?
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