Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL PORVENIR DE LA CIENCIA.— La ciencia da mucha satisfacción a quien la trabaja, pero muy pocas ventajas a quien la aprende. Mas como todas las verdades se hacen pronto vulgares, aun esta satisfacción se pierde; ya hemos olvidado el placer del admirable dos y dos son cuatro. Si, pues, la ciencia produce cada vez menos placer, dejando todo consuelo para la metafÃsica, para la religión y para el arte, sÃguese que se va secando esta fuente de placer, a la cual debemos toda nuestra humanidad. Por eso una cultura superior debe dar al hombre dos comportamientos cerebrales: en el uno estará la fuerza y en el otro su regulador; en el uno las ilusiones, los prejuicios, las pasiones, y en el otro la frÃa serenidad de la ciencia. Si no se satisface a esta exigencia de la cultura superior, puede predecirse con certeza el cursor ulterior de la evolución humana; el interés por la verdad disminuirá con el placer; la ilusión, el error, la fantasÃa, recobrarán su dominio; decaerán las ciencias, volverá la barbarie; la humanidad recomenzará su tela, destruida durante la noche, como la de Penélope. Pero ¿quién nos garantizará para entonces fuerza?
252