Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL PLACER DEL CONOCIMIENTO.— ¿Cuál es la causa de que el conocimiento produzca placer? El que da conciencia de la fuerza, como los ejercicios gimnásticos. Además, porque en esta lucha con la verdad aparece el hombre vencedor. Finalmente, porque sentimos estar solos y los primeros en la verdad descubierta. Hay otros motivos secundarios, cuya lista puse en mi obra parenética acerca de Schopenhauer (Tercera parte de las Consideraciones intempestivas; Schopenhauer, educador.), a satisfacción de los experimentados, quienes verán allà quizá un poco de ironÃa. Porque si es verdad que «a la formación del sabio concurren muchos instintos demasiado humanos», esto mismo debe decirse del artista, del filósofo, del genio moral. Todo lo que es humano merece, en su origen, esta consideración irónica. Por eso la ironÃa es en el mundo tan superflua.
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LA FIDELIDAD, PRUEBA DE SOLIDEZ.— Es un indicio de la bondad de una teorÃa la confianza del autor en ella, por más de cuarenta años, mas creo que ningún filósofo ha dejado de mirar en su vejez con desprecio o con desconfianza las teorÃas de su juventud. Quizá por ambición no diga nada; quizá por el deseo de no perder sus adeptos.
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